¿HAY ALGUNA AMENAZA REAL Y CATASTRÓFICA PARA ESTOS DÍAS QUE NUESTROS GOBIERNOS NOS ESTÉN OCULTANDO?

Alemania lanza un nuevo plan de defensa civil que no tiene precedentes.

El 24 de agosto de 2016, el Consejo de Ministros alemán aprueba una serie de medidas que han desconcertado notablemente a la población. Esta vez no se trata de una subida de impuestos, unas nuevas medidas laborables o algo similar. Tampoco se trata del argumento de una película de ciencia ficción o un pensamiento de eternos conspiranoicos. Se trata de unas inminentes medidas tomadas por una de las administraciones más serias y competentes del planeta. El plan insta a los ciudadanos a que hagan acopio de agua, alimentos, medicinas, dinero en efectivo y ahorren energía. Estas medidas habrán de tomarse de forma inmediata.

El gobierno ha reforzado las medidas de seguridad. Así, en un borrador de 69 páginas, plantea cosas antes impensables, tales como restablecer el servicio militar obligatorio. El borrador también recoge aumentar las reservas de vacunas y antibióticos, crear un servicio que alerte a la población de peligros inminentes a través de la radio, la televisión, anuncios en trenes, sirenas, altavoces, etc.

Llegan incluso a decir la cantidad de agua recomendable que se debe acopiar por persona, el pan, la pasta, las patatas, conservas:

Así, se recomiendan: 28 litros de agua, 5 kg de pan, pasta, patatas, 3,5 Kg de harina, fruta en conserva, 2 docenas de huevos, 2 kg de pescado en conserva, etc.

¿Qué pensar al respecto?

La noticia no ha dejado indiferente a nadie. ¿Acaso se prepara a la población para un ataque terrorista sin precedentes?, ¿nos amenaza alguna catástrofe natural?, ¿Hay un inminente peligro de invasión o guerra?. O tal vez simplemente sea una medida para impulsar el consumo y levantar definitivamente la economía. Hay razones para todos los gustos. Recuerdo haber leído un artículo donde se explicaba con números qué pasaría si cada estadounidense comprase al día siguiente un simple cepillo de dientes. No sólo se venderían más de 300 millones de cepillos, sino que se vería reflejado notablemente en el consumo y, por ende, en la activación de la economía. Sin embargo, me temo que en el caso alemán, el gobierno no pretende reactivar el consumo, son un gobierno serio, previsor, responsable y seguro que saben algo que no pinta nada bien para la población y tal vez, en vez de alarmar, prefieren solucionarlo si está en sus posibilidades.

Cuando se entrevistó a las familias alemanas acerca de acopiar agua y alimentos para 15 días fue muy habitual la respuesta: “señor, yo tengo en mi casa siempre alimentos para dos meses”. No olvidemos que son alemanes y nadie duda de que son ordenados, metódicos y saben hacer las cosas.

Hacer un plan de defensa civil a este nivel, es correcto y muy propio  de tal cultura, pero; ¿cómo de grave debe ser lo que esté pasando como para haber creado una respuesta tan inmediata y de éste calibre? No lo sabemos, ni tampoco nos lo contarán. El argumento es siempre el mismo: No alarmar, la población no está preparada para que se le cuenten determinadas cosas, una población en pánico no piensa y es incontrolable. Tal vez tengan algo de razón, pero poca. Los humanos tenemos una envidiable capacidad de adaptación inmediata a nuevas circunstancias y, por esto, dominamos el planeta. Si se nos educa, entendemos prácticamente todo y respondemos adecuadamente ante cualquier situación.

Por ejemplo, un terremoto es una de las peores catástrofes naturales que nos pueden ocurrir y, de hecho, ocurren. No se sabe cuándo va a suceder y en unos solos segundos, todo cambia. Pues bien, aún en estas terribles circunstancias los humanos que sobreviven sacan lo mejor de ellos, olvidan todo lo no importante y actúan como un colectivo sociable, mostrando empatía y dando cada uno todo lo que puede. Personalmente, he vivido en Haití y era un hábito muy frecuente tener siempre al lado de la puerta de salida una bolsa preparada con cosas muy básicas: un poco de agua, algún alimento no perecedero, algo de ropa, un pequeño botiquín, documentos, un teléfono con batería, una cantidad pequeña de dinero y cada uno lo que considerase oportuno. No sólo por la amenaza de un terremoto, era extranjero en un país delicado. Había que estar preparado para abandonar el país en cualquier momento y ser repatriado.

Creo que tomar medidas nunca es malo, pero también creo que las personas no somos unos seres tan frágiles como consideran nuestros gobernantes y estoy convencido de que si nos cuentan las cosas y nos preparan, responderemos de manera satisfactoria ante cualquier situación. No se debería sobrevalorar la inteligencia de la población, en cabeza de quién cabe ordenar un plan de prevención tal y no esperar que la población especule al respecto.

En esa pequeña bolsa que siempre hemos de tener preparada y que tal vez pueda llegar un fatídico día en el cual sea nuestra única posesión material, no estaría de más tener un par de onzas de oro. Tal vez llegue el día en que las podamos necesitar de verdad.

Germán Vega – Agosto 2016

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